Envuelta en el silencio de las montañas que guardan secretos y tesoros culturales de varias etnias indígenas, y que solo se ve interrumpido por el cantar de las aves, se encuentra la Sierra de Perijá.
Las etnias yukpa y barí son las que predominan. En medio de las dificultades tratan de mantener su historia, tradiciones y cultura.

La tranquilidad que regalan las hermosas montañas de la Sierra desaparece cuando los indígenas de la zona deben usar como medio de transporte una camioneta vieja que se conoce como “Piraña”,

Rostros cansados, indignados y llenos de historia es lo que se observa cuando se viaja en esta unidad de transporte local. Niños, adultos y ancianos hacen uso de este vehículo debido a que es la única forma de movilizarse en esta población escondida de Machiques, en el estado Zulia.

Bajo el sol característico de la Sierra, Luis Mich Anane narró para El Nacional Web la lucha de estas etnias para que su cultura y tradiciones se conserven.

Al caminar por las chozas se escuchan historias de una cultura indígena que tiene mucho para dar a los venezolanos. Sin embargo, también hay historias que muestran que la crisis llegó a este rincón del Zulia.

“Según la mitología, los yukpa nacen de un árbol que emana sangre. Yukpa significa que era agresivo, pero ya no lo es, es decir, que son personas pacíficas”, dijo Luis Mich Anane, miembro de la etnia.

La Sierra también abre paso a una frontera que ha visto cómo muchas familias se separan, debido a que varios han decidido emigrar; es un tema cotidiano porque muchos indígenas van hacia Colombia en búsqueda de un mejor futuro y el hecho de tener dos nacionalidades, colombiana y venezolana, les facilita desarrollarse en el país vecino.

A pesar de la importancia que tiene la familia en la etnia yukpa, muchos menores deben seguir adelante con la ausencia de sus padres, que emigraron para conseguir recursos.

La casa hogar de la Misión del Tukuko recibe a más de 300 niños, cuyos padres abandonaron el país o no pueden mantenerlos debido a la crisis económica que padecen los venezolanos.

“Lo más importante para nuestra cultura es el nacimiento del niño, la tradición de que los niños deben ser bautizados en nuestros ritos se mantiene. El sol y los animales también tienen un rol importante en nuestra tradición”, comentó Mich Anane.

Chozas, caña de azúcar y trompos son algunas de las cosas que se consiguen al llegar a lo más alto de la Sierra, a más de 1.000 metros de la Misión del Tukuko. En esta parte de la sierra, las normas son impuestas por la cultura indígena.
Se escuchan historias de jóvenes y niños que viajan más de 16 horas para llegar a su casa y ver si tiene alguna carta de sus familiares que emigraron.

Diego Zerpa es un niño que vive en la misión. Su madre emigró hace más de tres meses a Colombia porque cada día era más difícil mantener a sus cuatro hijos.

“Dieguito”, como le llaman cariñosamente, sale los viernes junto a su hermano para emprender un viaje caminando de más de ocho horas hasta su casa y revisar si llegó alguna carta de su madre.

El padre de Diego murió hace cuatro meses, de diabetes. Las dificultades para adquirir medicinas afectó a la familia y las fallas en el suministro del medicamento empeoraron su salud.

“Viajamos todos los fines de semana para ver si mi mamá nos respondió la última carta que le enviamos, que fue hace dos meses. Se hace difícil que nos responda porque debemos esperar que alguna de sus amigas venga a Venezuela para que nos la dé”, narró con tristeza para El Nacional Web.

La familia del menor no tiene teléfono celular, no solo por las dificultades económicas, sino también porque en su cultura no es común la tecnología.

En medio de esa situación, Dieguito aún sueña con cumplir sus metas. Ser cantante y actor es parte de sus aspiraciones y aunque el compartir con criollos (como llaman a los que no son indígenas) le ha hecho cambiar varias de sus costumbres, las personas con las que vive tratan de que mantenga tradiciones básicas, como el idioma y la comida.

Al igual que la familia Zerpa, son varias las historias de familias indígenas que se suman a los más de cuatro millones de venezolanos que decidieron emigrar.

La tarde cae en la Sierra de Perijá y con el atardecer caminan muchos niños a sus hogares con la esperanza de reencontrarse con su familia, mientras que Dieguito se pregunta si valdrá la pena esta vez tomar un viaje de más de ocho horas como cada fin de semana.

“Siempre voy con la emoción de saber que me escribió. Extraño a mi familia, a mis hermanos. Ahora solo estoy con mi hermano mayor”, explicó con nostalgia.

Mientras camina entre la naturaleza, Dieguito se cuestiona si su familia es la única en la que los padres no están, pero también aviva su curiosidad por conocer la rutina de las personas que viven en la capital del país.

“¿Tú tienes familia? ¿Cómo son tus padres?”, preguntó Dieguito, mientras tomaba su mochila para iniciar el acostumbrado viaje de fin de semana hacia su casa, esperando que en esta ocasión encuentre una hoja que contenga las palabras de aliento de su madre que necesita para seguir adelante, mientras ansía que regrese para poder estar junto a ella.